Como todas las catástrofes naturales, el volcán simboliza una mutación brusca de la vida real que si bien puede ser constructiva casi siempre resulta destructora. Lo que diferencia el volcán de las otras catástrofes, como el terremoto, por ejemplo, es la existencia de una época previa en la que existe un trabajo latente, contenido, subterráneo, oculto, tras el cual sobreviene la erupción.
Psicológicamente, el volcán simboliza las pasiones largamente reprimidas, pero no domadas, que llegan a estallar con toda la virulencia, pudiendo llegar a causar nuestra perdición.
Pero son estas mismas pasiones, su podemos subliminarlas y domarlas, las que se convierten en la fuente de la vida espiritual, lo que también queda simbolizado por la extraordinaria fecundidad de las tierras volcánicas.